Porque, en realidad, no debería importarme.
Y son palabras que no consigo reconocer.
En realidad, duermo por el día
y la noche es toda para ti.
Es el mediodía en el que estoy
parada todo el tiempo. Y lo odio.
En el mediodía no hay estrellas,
y presiento que las desamparadas
retrocederán a la noche.
No quiero atraparlas y enjaularlas,
quiero que , al deshacerme de mi miedo
de mi cuello y de mi torpeza,
al comprender sus órbitas y su intensidad
esas estrellas regresen, regresen por la noche.
Cuando estés conmigo.
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